Tras dos años y ya vencido el equinoccio primaveral nos encontramos a la espera de poder retomar el lugar que tuvimos que erigir tras recobrar la inteligencia necesaria para poder cruzar un simple porche donde nunca da la luz.

Al mismo tiempo, nos sobrecogió la simple causalidad de tener que renacer en un lunes de Pascua .

Las condiciones de partida son ahora bien distintas, debido a la gratificante sensación del buen hacer y la honestidad en nuestro trabajo ya que decidimos desvivirnos para hacer feliz a todo aquel que pare en nuestra casa.

Porque el tatuaje te marca y no hay mejor marca que la infligida bajo el dolor del bienestar y la felicidad.

Han sido años en los cuales hemos compartido con vosotros un sinfín de vivencias, de risas e historias personales ya que si algo emana el Studio, es una acogedora y transparente humildad.

Y son los momentos de: café o cacao, en el office o en el bar o implemente la presencia de un hall que se descubre siempre en permanente estado de overbooking, los que realmente se añoran.

Ya que un coronavirus nos marcó las distancias generando un stop forzoso bajo un halo defensivo que se extiende inconscientemente a no menos de un metro.

Hemos sido medicina, cubierto cicatrices que no invitan a vivir y dado bienvenidas a la vida.

Ayudado a pasar página para que partan en paz y reforzado ese recuerdo de los presentes, así como: logros que no se quieren olvidar o errores a no cometer, caminos pendientes por recorrer o no…

De agrado cedimos a embellecer almas guardando por principios la máxima distancia del dócil recurso de la banalidad, por lo que somos intérpretes del corazón y vosotros lienzos sin condición.

¡Mil gracias por confiar y saber llevar nuestros trabajos!

En definitiva, gracias por mejorarnos profesionalmente y como personas.

Por eso mismo, queremos compartir unos de los momentos más especiales para todo el Equipo.

Ese domingo que de manera tal natural pudimos reunirnos para celebrar la apertura de Sacro Studio y donde los intercambios de sinceros abrazos y besos, sometían a la distancia al mayor de los ridículos en el mismo lugar al que anhelamos regresar.

A ese lugar al cual entras por propia voluntad y dejas parte de ti.

Una vez más… ¡Muchas gracias!

 FOTOGRAFÍA POR:

Eduardo Valdes

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